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EL SUEÑO DEL NIÑO... (parte I) Imprimir E-mail
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Rally Varios
Jueves, 26 de Noviembre de 2009 21:29

santa rosa 

 

“Y DOSCIENTOOOOS…  EN EL PUENTE VERDE DERECHA DE DOS Y MEDIAAAA, OJO SE VUELVEEEEE…” Pero el semieje derecho no aguantó. Solo unos metros más adelante, Hernán tiro el auto a la derecha y se bajó corriendo para ver que era, aunque a mí eso ya no me importaba, la carrera para nosotros había terminado. Se acercó el Fede, que justo estaba ahí junto a Juan Pablo, a decirnos que ya le habíamos descontado los cinco segundos que nos llevaba el primero por lo que yo mismo decreté que el abandono se produjo ganando la carrera. Era el final efectivo de mi sueño y el comienzo de los pensamientos y recuerdos más lindos que me ha dado la vida fuera de mi ámbito familiar.

 

Martín me lo había prometido… “vos vas a correr un rally” y yo le creí. Casi lo hacemos en el verano pasado, pero no se pudo. Sin embargo, nadie bajó los brazos. Y de pronto apareció Hernán que quería correr el provincial de Río III y no tenía quien lo navegue. Martín me lo ofreció, me dio el número de Hernán y lo hablamos. Lamentablemente por una situación familiar no se pudo y la que iba a ser mi primer butaca la ocupó el mismo Martín. Sin embargo la posibilidad quedó latiendo. 

 

Se venía el fin de año y  con él, el cierre de todos los campeonatos. Martín y Hernán habían decidido ir al rally zonal de Santa Rosa, al rally Coronación del Pescado, pero cada uno por su lado, Martín con el Gol de la Peña y Hernán con el Palio de Gonzalo, razón que, indefectiblemente, volvía a dejar vacía la butaca derecha de Hernán, lo que hizo renacer mi posibilidad de correr. Nos encontramos los tres de casualidad (¿casualidad Martin?) en el taller en donde el Gol y el Regatta de la Peña reciben la pasión que los reacondiciona, repara y fortalece y Hernán efectivizó la propuesta. Yo sabía que esta vez era SI, SI y SI, sin embargo, respeté la necesidad de consultarlo con Alejandra. Esa misma noche, ni bien llegué a casa, se lo consulté con más o menos las siguientes palabras: “Mi amor, el fin de semana que viene me voy a correr sí o sí un rally”. Creo que dijo bueno…

 

 

santa rosa
 

Listo entonces… había que conseguir todo, comenzando por la licencia. Fuí ese mismo jueves a la tarde sin advertir que ese domingo se corría en el Cabalén, por lo que la Federación era un mundo de gente requiriendo el mismo trámite. Primero se rompió la impresora, después había que hacer cola para sacarse sangre, inmediatamente hacer pis  en un tubito finito dentro de un baño sin puertas, luego esperar el turno para la revisación médica y finalmente esperar que la psicóloga llegue… Tanto esperar, tanto tiempo ahí adentro resulta una explicación más que lógica para el resplandeciente cartel de ANSIOSO que me pusieron en la ficha… pero me fui con los dos plásticos habilitantes. 

Ahora a buscar los elementos que se exigen para subirse al auto. Santiago García con su acostumbrado y ya clásico “Ahhh mi loco, eh” me prestó capucha, codera, polera, reloj, bolso, botitas, libro de ruta y libro de tiempos. Una solemnidad para mis expectativas. Por su lado Ezequiel y Jorge Campos me dieron el buzo oficial del TRT y el Chirola los cascos con el inter que reemplazaban los que tenía Hernán, un poco viejitos ya. ¡¿ Alguno de ustedes dudará por acaso que ese mismo día me vestí de piloto y salí al patio para sacarme mi primer foto?! Pues más allá de los 40° a la sombra, allí estaba, listo para salir a correr aunque faltaban aún 5 interminables días que mitigué yéndome a dormir con la hoja de ruta de la primer etapa del rally de Carlos Paz del año pasado… 100 D2 se vuelve; 50 I 1 ½ por adentro; 100 más vado a fond zzzzzzz …

 

santa rosa

 

Y llegó el viernes, la llevé a Solcito al colegio y salí despacito hasta Santa Rosa. Creo que solo cinco minutos más tarde que el Pescado llegué yo. Me fui a hacer el que, a mi criterio, sería el enlace para el primer tramo mientras los demás iban llegando de a poco. El Pescado descubrió mi cara de novato y con una cordial bienvenida me entregó el libro de ruta. Me fui a tomar un café mientras Martín y la peña por un lado y Hernán un poco más atrás, se iban acercando al parque de asistencia. Ya al medio día estábamos todos y sin esperar ni un instante salimos con Hernán a recorrer el tramo Amboy – Santa Mónica, el mismo que se usaba para correr el Mundial antes que David Eli excluyera a Calamuchita del recorrido, sólo que para esta carrera, se dividía en dos. Con toda soltura fuimos tomando notas, incluso me atreví a subirle o bajarle el grado a las curvas. La primera sorpresa fue la cantidad de NCV que había en el tramo, uno más difícil que el otro lo que iba haciendo la aventura del debut cada vez más desdeñoso para mi moderado temple. Tramo uno listo, tramo dos también, y recordando los consejos del Maestro Jose M. Volta, en lugar de repetirlos, nos fuimos a escribir el tres, que quedaba casi de paso.

Después de un sabroso choripan servido por los Bomberos de Santa Rosa, quienes se habían encargado del bufete del parque procurando fondos para sus loables campañas, salimos a recorrer el cuatro y a repetir y corregir los demás.

 

 

santa rosa

 

Así nos llegó la tardecita y había que prepararse para la rampa. Los cuarenta y pico de grados de la siesta, más el guadal de Amboy nos habían dejado un tanto impresentables, y si bien entre varones eso no es muy significativo, hay que convenir que una ducha se hacía imprescindible. Los Amigos de la Peña nos invitaron a la casa que habían alquilado y como yo lo seguía a Martín en cada paso que daba buscando nutrirme de información acerca de cómo presentar la tarjeta para no penalizar, aceptamos. Un solo baño en la casa para cerca de quince resultó como insuficiente, sin embargo nos la arreglamos bien como para subir a mi primer rampa muy correctamente presentadito, con la camisa oficial de Amigos por el Rally recién puesta y la ansiedad de sentirme parte de esa fiesta, de esos fuegos artificiales y de esa música a todo volumen resonando frente a la histórica Vaca Echada.

El asado del viernes como parte de la celebración debía haber estado a mi cargo, pero sincerándome, debo reconocer que los nervios ya eran demasiado. Opté entonces por pasar en limpio la hoja para dejarla lista para las dos pasadas del sábado a la mañana en donde con mi piloto, íbamos a  ratificar o rectificar las anotaciones. Y así fue… sin dormir casi nada, a las 6:00 ya estábamos arrancando el 307 para salir nuevamente y en dos ocasiones, rumbo a Amboy. La verdad que la hoja estaba bastante bien hecha, solo corregimos una izquierda de 2½ después del NCV, anotando “ojo Hernán, aquí es en donde nos pasamos de largo haciendo la hoja”  aunque para hacer la anotación completa, debería haber agregado “y donde Martín y Gustavo también se pasaron”.

 

 

 

Y por fin llegó la hora. El sol caía sobre el parque de asistencia como aferrado a una plomada por la humedad, no obstante, ponerme el buzo, esta vez oficialmente, fue una ceremonia tan placentera cual sonrisa salida desde el alma de un niño… ese mismo niño que se encerraba en su habitación, con el casco, los guantes y sobre una silla, simulando estar corriendo una carrera, ese mismo niño que nunca creció dentro de mí esperando obstinada y esperanzadamente este momento, el momento de parecer y ser un piloto de carrera. El sueño efectivamente estaba por hacerse realidad y Alejandra, Sol y Milagros estaban ahí, el gran Lucas estaba ahí, Martín, Jorge y la peña estaban ahí… y mis viejos y tantos amigos que no pudieron ir, también estaban ahí. No podía, no quería y no iba a fallarles.

 

CIEN BAJA A FONDO y VEINTE MAAAAS BAJA DE MEDIA, CIENTO CINCUENTA IIIIIIZQUIERDA DE UNO y MEDIO… Esas eran las primeras notas que debía leerle a Hernán, pero para no hacerlo tan largo, se los cuento en la segunda parte…

 

Pablo Lapenta

fotos: Ale Pedernera - Lucas Oyola - Eugenia Davila

 

Dandy Smoking - VCP

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